Citas memorables de la historia de México

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martes, 2 de agosto de 2011

La crisis del país




Que tal y como lo haya anunciado hace unos días el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), que hay 3.2 millones de nuevos pobres, sólo quiere decir que la política de desarrollo social del Ejecutivo Federal, no funciona. Si marchara tal y como debe ser, -sin politizar programas o reglas de operación-, debería haber menos pobres que los millones que reporta.

Que hasta junio de este año, 15 de los 24 ramos administrativos -o Secretarías de Estado- del Gobierno Federal no estén ejerciendo por completo su presupuesto aprobado, según cifras de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP), como la Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT), quiere decir que no hay una administración eficiente de los recursos públicos. No más.

Porque si a usted le llegan a sobrar mil pesos de sus ingresos para destinarlos al ahorro, al gobierno federal le sobran millones -si, millones- de pesos cada mes, cuando hay un presupuesto para gastarlos, o bien, los gasta en promocionar su imagen en ser candidato al siguiente puesto de elección, o bien, patrocinar a su iglesia favorita en homenajes, como el gobernador de Jalisco, Emilio González Márquez.

Al igual, si hay una renuncia masiva de delegados de la Procuraduría General de la República (PGR), en Aguascalientes, Chiapas, Coahuila, Distrito Federal, Durango, Estado de México, Guanajuato, Hidalgo, Jalisco, Michoacán, Morelos, Oaxaca, Querétaro, Quintana Roo, San Luis Potosí, Sinaloa, Sonora, Tamaulipas, Tlaxcala, Veracruz y Zacatecas, y que juntos suman 21 Entidades Federativas de todos los partidos políticos, ¿cuál debe ser la lectura en materia de procuración de justicia? pues que algo falla, ¿no lo cree?

Súmele usted, el reclamo que hace Luis Donaldo Colosio Riojas, en su columna titulada “El llanto de un mexicano”, que diceMe preocupa que veo a un país olvidado por sus líderes, quienes se concentran en sacar adelante sus carreras y a sus partidos antes que a su gente […]”. El también hijo del malogrado candidato presidencial, afirma “¿Pero qué te pasa, México? ¿En qué momento se volvió rutina suicidarte? […]”. Todo lo anterior, se vuelve un excelente caldo de cultivo para inconformidades sociales, de todos los partidos.

Otra crisis por ejemplo, la del Secretario de Educación, Alonso Lujambio, y el tema de la Estela de Luz, con motivo de las festividades del bicentenario de la independencia, en el que el proyecto de César Pérez Becerril, quien señala al secretario Lujambio de presionarlo para inflar la obra, por cierto, aún inconclusa.

Y sobre el bicentenario, como usted sabe, este fin de semana fueron trasladados los restos de los héroes de la independencia, como el 30 de mayo del 2010, aunque ahora a su morada perpetua, en la que el Primer Mandatario afirmó que ahí se encontraban los restos de José María Morelos y Pavón, cuando su hijo, Juan Nepomuceno Almonte, afirmaba que los llevó a Europa para darles cristiana sepultura en Francia.

Al término de la guerra de independencia, el Congreso en 1823 decretó la honra de las cenizas de los héroes, algunos cuya pena fue la muerte -con fusilamiento por la espalda-, como traidores al Rey y con la mutilación de su cabeza para ser exhibida en jaulas de hierro en alguna plaza principal.

Se instruyó a los Ayuntamiento del país, a buscar y trasladar los restos mortuorios. El Ayuntamiento de México señaló que los cuerpos de la mayoría de los fusilados, habían ido a parar a fosas comunes. Fue difícil encontrarlos y el Cabildo no estuvo dispuesto a inventar unos huesos.

Los restos de Hidalgo, Allende, Aldama y Jiménez fueron trasladados de Chihuahua. Sus cráneos, exhumados de la iglesia de San Sebastián en Guanajuato, donde fueron sepultados, luego de ser expuestos en las esquinas de la Alhóndiga de Granaditas por 10 años para el escarnio público.

En su traslado por el país, indios y criollos salían a la calle a mirar el cortejo que trasladaba los restos de sus héroes. Algunos rezaban, otros cantaban, unos más bailaban.

En 1921, Álvaro Obregón, con todo y banda presidencial, entró a Catedral a un homenaje en el Centenario de la Consumación de la Independencia. Cuatro años después, -en 1925-, se tomó la determinación de trasladar los restos a un templo laico: la Columna de la Independencia.

Obregón encabezó el cortejo fúnebre en compañía de su gabinete. En el momento solemne de retirar los restos, estaban algunas reliquias vivientes, además de algunos parientes de los insurgentes, a quienes nadie les cuestionó su calidad de descendientes. Así, unos presuntos nietos de Guadalupe Victoria se apersonaron para sacar, ellos mismos, a su abuelo, y un sobrino de Mariano Matamoros llegó a hacer su parte con su ilustre pariente, además, el pueblo.

El 30 de mayo de 2010, al retirar los restos de la Columna de la Independencia al Castillo de Chapultepec, la ceremonia fue de discursos oficiales, en el que ninguna autoridad acompañó al cortejo fúnebre en su trayecto, más que el pueblo, quien lanzaba vítores y hurras a su paso. En la ceremonia, además, no se invitó a la descendencia de algunos de los héroes, aunque la Comisión Nacional del Bicentenario no reconozca la descendencia de Miguel Hidalgo, e incluso, lo niegue.

Por eso y como ahora, se ha afirmado la incongruencia en los honores: porque mientras al que en vida llevó el nombre de Juan Camilo Mouriño, secretario de Gobernación y servidor público en el momento de su muerte fue honrado con funerales de Estado, a los que verdaderamente nos interesan: Hidalgo, Allende, Rosales, Mina, Morelos entre muchos más, no hayan tenido un homenaje igual -o incluso mejor-, que quienes nos dieron patria, libertad y hasta dignidad o identidad nacional.

Por eso la molestia: porque la ciudadanía -producto de la cultura del esfuerzo- no conoce de placeres, más que de crisis en todos los ámbitos, que impactan su vida diaria.

miércoles, 6 de julio de 2011

Los mejores del país

Los ciudadanos del Estado de México, de Nayarit y Coahuila acudieron este fin de semana pasado para elegir a sus gobernantes, entre una serie de campaña propositivas, otras de desprestigio y otras haciendo quién sabe.

Hasta la media noche del domingo, los candidatos del Partido Revolucionario Institucional en estas Entidades Federativas, llevaban la delantera en los comicios de esos Estados, para la renovación de la titularidad del Ejecutivo.

En el Estado de México, el candidato de la coalición Unidos por ti, Eruviel Ávila Villegas, contaba con el 63.38 % de la votación; en Coahuila, Rubén Moreira, de la Coalición Primero Coahuila, (conformada por PRI, Panal y PVEM), llevaba  el 56.82 % de los votos, mientras que en Nayarit, el candidato de la Coalición Nayarit nos Une (PRI, PVEM y Nueva Alianza) Roberto Sandoval, aventaja con el 52.74 % de los sufragios.

Si las tendencias continúan de la misma forma, en los siguientes días los Institutos Locales Electorales entregarán las constancias de mayorías a Ávila en el Estado de México, a Moreira en Coahuila y a Sandoval en Nayarit, pero más allá de lo anterior, significa el posicionamiento del todavía gobernador Enrique Peña Nieto, a la candidatura del PRI a la Presidencia de la República y seguramente, no habrá en el PRI quién lo supere.

Los ciudadanos del Estado de México, Coahuila y Nayarit, decidieron por lo que mejor les conviene; seguramente rechazaron un cambio con propuestas descalificadoras o agresiones, que no son necesarias en este momento para el país, por lo que escogieron a los mejores.

En su momento oportuno, los ciudadanos de otras entidades, como Guanajuato y Jalisco, escogerán a sus mandatarios, probablemente para ver quién gasta más dinero, como el jalisciense Emilio González Márquez, que desea a toda costa la candidatura de su partido a la presidencia, alumbrando con una compra por demás onerosa, de un helicóptero S70i Black Hawk , por la miseria de 18 millones de dólares.

No solamente lo anterior: En el presupuesto federal 2011 para Jalisco, se consignan recursos públicos que suman varios millones de pesos, invertidos en restauraciones diversas en los templos de San Miguel Arcángel (Atotonilco el Alto), iglesia de la Luz (Cañadas de Obregón), Museo de Arte Sacro (Cocula), el templo de San Luis Obispo (Colotlán), la parroquia (Etzatlan),  el templo de la purísima concepción (Etzatlán), el templo del santuario del sagrado corazón de Jesús (Mexticacán), otro Museo Cristero y la parroquia (San Julián), la iglesia de San Marcos e iglesia de San Sebastián (San Marcos), el templo en San Pedro Analco y el templo la purísima concepción (Tequila), la parroquia de la virgen de Guadalupe, así como para la parroquia de la inmaculada concepción (Yahualica), lugar de origen del Cardenal de Guadalajara, Juan Sandoval Íñiguez, faltaba más.

Pero mire usted, seguramente los mejores hombres y mujeres del país deben ser como aquellos antiguos guerreros aztecas, que defendieron la Gran Tenochtitlán, como Melquisedec Angulo Cordova, quien con el orgullo de ser marino y junto con sus compañeros, luchó por la patria y la victoria, jurando con honor, honrar a su patria, -la mexicana-, marchando por la senda de la gloria y dio su vida entera por defenderlas de la invasión; así, murió con valor, como cadete de la Naval.

Existieron otros héroes, como Melquisedec, que ungieron su nombre en la historia por defender a su país, quienes influenciados por una pareja de indígenas, -cocineros del Colegio Militar en el Castillo de Chapultepec, hicieron frente al enemigo y que afirmaban que un viejo ahuehuete, plantado por Netzahualcóyotl en el año 1460 a petición de Moctezuma, era una puerta dimensional en donde los sacerdotes toltecas lograban transportarse a otros mundos: un lugar místico. Se dice que cuando Moctezuma se enteró de la llegada de los españoles, se dirige al árbol, tratando de transportarse, -como los sacerdotes toltecas-: pide permiso al árbol, se lo niega y le dice que vaya a enfrentar su destino de emperador, sea cual fuere.

Este árbol fue bautizado por los cadetes del Colegio Militar como “El Sargento”¸ quienes se dirigen a pedirle permiso y solicitarle las claves para combatir al enemigo invasor de 1847 de Chapultepec.

Se dice que el árbol, inicialmente, se negó a darles información, pero al ver la resistencia del ahuehuete y en un acto de inocencia, lo amenazaron con fusilarlo y colocarle un anuncio: “este árbol es un traidor”.

Los menores frente al árbol, le argumentaron que esa batalla debía ser ejercida, no como una simple lucha militar, sino como una lucha sagrada, -como la que sostuvo Cuauhtémoc o Juana de Arco-, de la cual dependía el futuro de la patria.

Conmovido con el noble y glorioso gesto de los menores, “El Sargento” les otorgó el procedimiento: las claves de la lucha ritual así como la letra de lo que posteriormente sería el himno del Colegio Militar: “Vibre el clarín de la guerra / resuenen las fanfarrias / redoblen los tambores / una marcha triunfal / y lleven de la patria / a todos los confines / tu nombre sacrosanto / Colegio Militar”.

El primero en morir fue Juan de la Barrera; el segundo fue el cadete jalisciense Francisco Márquez cuando bajó del castillo a enfrentar a los invasores, cerca del “El Sargento”, los invasores le disparan cayendo muerto, y en un acto de reconocimiento y respeto, los soldados norteamericanos guardaron silencio, interrumpieron sus cantos y rodearon el cadáver. El resto se hallaban en el Castillo en espera del enemigo.

La historia reconoce a Juan Escutia como el que se arrojó con la bandera antes de que el enemigo la tomara como trofeo de guerra, lo mismo hicieron Santiago Xicoténcatl y Margarito Zuazuo.

Así son los mejores hombres del país.

viernes, 6 de mayo de 2011

Qué razón tenía el viejo

La semana pasada el Senado aprobó la reelección de diputados y senadores al Congreso de la Unión y que tendrá aplicación hasta las elecciones federales de 2015.

En el marco de la llamada Reforma Política que incluyó la controvertida modificación Constitucional para que el Ejecutivo Federal pueda vetar el Presupuesto de Egresos, el senador del Partido de la Revolución Democrática (PRD) Pablo Gómez Álvarez, dijo que no se trata de una reforma, sino de una miscelánea.

Hasta ahora, el artículo 59 de la Constitución de 1917, vigente desde 1933, impide la reelección de los senadores y diputados al Congreso de la Unión para el periodo inmediato al de la legislatura de que formaron parte. Aunque admite la posibilidad de que los senadores y diputados suplentes puedan ser electos con el carácter de propietarios para el periodo inmediato –"siempre que no hubieren estado en ejercicio"–, descarta que los senadores y diputados propietarios sean electos para el periodo inmediato en calidad de suplentes.

Una revisión a la historia constitucional de nuestro país, señala que La institución de la no-reelección legislativa no estaba dentro de la agenda del México independiente. No lo estuvo tampoco en las constituciones centralistas de 1836 y 1843, no la registran las constituciones de 1857 ni fue demanda del constituyente de 1917. Fue hasta 1933 y en función a una demanda del recién creado Partido Nacional Revolucionario (PNR) cuando se incluye la prohibición expresa de reelegirse a diputados y senadores.

Francisco I. Madero convirtió el antirreeleccionismo en una de las banderas de su credo político y de su programa electoral para la crítica tesitura de las elecciones presidenciales de 1910; el también llamado “Apóstol de la Democracia”, fundaba esa propuesta de un cambio generalizado en los equipos de gobierno, en la urgencia de solucionar "el inmenso malestar que reina en toda la República", que sólo se remediaría con una renovación radical: "esa idea – sostenía Madero– está en la conciencia nacional".

Desde luego, Porfirio Díaz era proclive de la reelección presidencial. El presidente Díaz estaba ávido de que el mundo hablara de él, y así, decidió organizar una recepción oficial en el Castillo de Chapultepec, en honor del diplomático norteamericano enviado para las negociaciones de un nuevo tratado comercial entre México y los Estados Unidos.

El festejado diplomático norteamericano exhibía a don Porfirio, y quienes lo rodeaban, un reloj de oro cubierto de diamantes, con una aduladora dedicatoria a su gloria y adornado con el monograma de Eduardo VII rey de Inglaterra y emperador de las Indias, obsequiado por el mismo monarca, al término de las negociaciones comerciales entre su país y la corona inglesa; a lo cual, el presidente Díaz pensaba en la manera cómo iba a superar el regalo del rey de Inglaterra.

Luego el festejado aborda a Díaz: “…Disculpe, don Porfirio, siento molestarle, pero acaban de robarme en este mismo lugar, en la sala de baile, el reloj que me regaló el rey de Inglaterra.” A lo que el presidente después de infinidad de disculpas, le prometió que en 48 horas le sería devuelto su reloj.

Al término del festejo, don Porfirio se dejó llevar por una cólera negra, una de estas cóleras de las que sólo él era capaz, la cólera de un dictador cuya impostura está a punto de ser descubierta. “El viejo vuelve a tener su crisis” murmuraban los sirvientes del castillo asustados.

Buscaron el reloj entre la servidumbre de Chapultepec; en la cárcel y sus redes criminales, sin resultado alguno. Las posibilidades se reducían.

Por último, mandó llamar a uno de los generales que no acudió a la cita, y de manera seca “El viejo” le dijo: “Divisionario, dame el reloj del diplomático americano”. Sin pestañear ni mostrar la más mínima contrariedad, el general pasó su mano bajo la túnica, buscó un poco en los bolsillos interiores y sacó el reloj.

Dio dos pasos hacia el dictador, diciéndole: “A sus apreciables órdenes, don Porfirio, a sus órdenes muy queridas.” Y continuó diciendo: “Porfirio, temía que lo cogieras, así que pensé que era mejor que fuera yo, ya que tú puedes comprarte uno más fácilmente que yo”.

Qué razón tenía “El viejo”. Ganó la reelección.

martes, 14 de septiembre de 2010

Así comienzan las conmemoraciones bicentenarias

En el inicio oficial de los festejos del bicentenario de la Independencia, el presidente Felipe Calderón conmemoró la gesta heróica de los Niños Héroes en Chapultepec de 1847.

Cuando tradicionalmente esta ceremonia se hacía dentro del Castillo, en esta ocasión las fuerzas armadas colocaron a lo largo de la entrada a Chapultepec, una valla de cadetes del Colegio Militar, que custodiaron la llegada del Primer Mandatario.

En su discurso, el presidente Calderón dijo que “Durante la guerra con Estados Unidos, muchos mexicanos combatieron hasta la muerte, pero otros más sólo vieron pasar las tropas norteamericanas sin hacerles frente. Hoy cuántas veces los más acuciantes problemas de México se les quiere ver como parte de una realidad ajena a la nuestra”, en un mensaje leído frente al monumento a los Niños Héroes.

Pero en lo que debería ser un magno festejo, pareciera que los mensajes del Gobierno Federal acerca de la guerra contra las drogas de cuatro años, que ha tenido más de 28,000 vidas cobradas e infiltrándose en la tranquilidad del país, han socavado y dejado a segundo término los festejos fundacionales. Sólo la noche del domingo pasado en Puebla, presuntamente elementos de la Secretaría de Marina (SEMAR) capturaron a Sergio Villarreal, conocido como “El Grande”, líder del cartel de los Beltrán Leyva.

Pero el punto culminante de la celebración bicentenaria, que también conmemora el centésimo aniversario de la Revolución Mexicana, será un espectáculo en la noche del miércoles, que incluye una coreografía de Ric Birch, que produjo ceremonias en los Juegos Olímpicos en 1992 y 2000. El objetivo es una fiesta para todas las edades, con baile, un espectáculo de acrobacia aérea y las actuaciones de celebridades.

Cuando el nacimiento de la patria es un proceso decantado en el tiempo y surge entre estertores sociales provenientes de silenciosas tomas de conciencia sobre la forma de ser y estar en el mundo, el crisol de donde surge la estirpe múltiple y polifacética de nuestro país, reúne elementos arramblados por siglos.

Así, durante los 300 años que duró la Colonia, los vencidos no tenían ninguna noción de un estado de mejor vida. Sus deseos eran proporcionados a sus ideas y solamente conocían lo físico de la vida. Su existencia era triste y miserable, en contraste con la forma de vida del peninsular y el clero.

200 años antes, la tarde del 13 de septiembre de 1810 la conspiración había sido descubierta. Josefa Ortíz, encerrada en su alcoba, mandó una señal de peligro, previamente acordada, a Ignacio Pérez, alcaide de la cárcel, quien la transmitió a los conspiradores en Dolores, Guanajuato.

En Dolores, Guanajuato,  y reunidos en casa de Hidalgo, se dirigió a los presentes: “… Caballeros somos perdidos, aquí no hay más remedio que ir a coger gachupines…” Allende y los demás, asintieron.

Para la madrugada del 16 de septiembre de 1810, se dirigieron a la cárcel de Dolores, para dar libertad a unos 80 presos, a quienes Miguel Hidalgo, -el cabrón del cura-, como lo llamaba Ignacio Allende-, los armó con lanzas. Luego, el pequeño contingente se dirigió al atrio del templo. Hidalgo le ordenó a su sacristán, conocido como “El Cojo" o "El Zurdo" Galván, que repicara las campanas. Al congregarse la gente, Hidalgo hizo una proclama.

"... ¡¡¡Nos levantamos en armas, para quitarles el mando a los gachupines, que se han entregado a los franceses, y quieren que nosotros los americanos, corramos la misma suerte, lo cual no consentiremos jamas!!!..." y prosiguió diciéndoles: "... Debemos salvar nuestra santa religión de los impíos, acabar también con los privilegios de los gachupines, que tanto daño nos han hecho. Mírense las caras hambrientas, los harapos, la triste condición en la que viven, porque nosotros, somos los verdaderos dueños de estas tierras. ¡¡¡Viva la independencia!!!, ¡¡¡Viva la América!!!, ¡¡¡Muera el mal gobierno!!!, ¡¡¡Mueran los gachupines!!! ... ". El pueblo lo festejó.

Imagínese la escena. Para las fiestas del centenario independiente, -en 1910-, Porfirio Díaz no pudo tañer la campana de Dolores colocada desde 1896 en Palacio Nacional, ya que partidarios de Francisco I. Madero, -quien había perdido las elecciones de junio de ese año-, le habían colocado trapos al badajo de la campana.

sábado, 10 de octubre de 2009

El procedimiento



Cuando el 3 de agosto de 2001, la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) autorizó la venta del Grupo Financiero Banamex a Citigroup, por un monto de 12,447 millones de dólares (mdd), esta operación quedó exenta de impuestos y bajo el siguiente procedimiento: primero, el 50% mediante el intercambio de acciones de Citigroup por las de Banamex, y segundo, el restante se liquidó en efectivo bajo tres modalidades a elección del tenedor de las acciones. 

Entre los activos vendidos, se encuentra la casa donde vivió Agustín de Iturbide, en el centro histórico de la ciudad de México: una barbaridad. Ahora, el Senado acordó interponer una controversia constitucional ante la Suprema Corte de Justicia (SCJN) contra el Ejecutivo Federal, por la participación económica del gobierno Norteamericano en Citigroup, ilegal en nuestro país. 

Mientras tanto, en la Cámara Baja se instalaba la Comisión de Presupuesto, que preside el diputado Luis Videgaray, ex secretario de Finanzas del gobierno del Estado de México, quien advierte que es poco el tiempo que hay para elaborar el dictamen del presupuesto para el año 2010, y propone un procedimiento de trabajo: legalidad, apertura y orden. En el bosque de Chapultepec existe un personaje sin igual.

Se trata de un árbol ahuehuete, que dice la leyenda que fue plantado por Netzahualcóyotl en el año 1460, a petición de Moctezuma. Este árbol estuvo bajo el cuidado de sus guardianes, -indígenas, con la misión de conservar la sacralidad del lugar. Se dice que el árbol, -como máxima autoridad del bosque-, era una puerta dimensional, en donde los sacerdotes toltecas lograban transportarse a otros mundos: un lugar místico.

Cuando Moctezuma se enteró de la llegada de los españoles, se dirige al árbol, tratando de transportarse, -como los sacerdotes toltecas-: pide permiso al árbol, se lo niega y le dice que vaya a enfrentar su destino de emperador, sea cual fuere. A mediados del siglo XIX, este árbol fue bautizado por los cadetes del Colegio Militar como “El Sargento”.

Los niños héroes, encabezados por el teniente Juan de la Barrera y entusiasmados por los guardianes de “El Sargento”, -una pareja de cocineros del Colegio Militar-, se dirigen a pedirle permiso y solicitarle las claves para combatir al enemigo invasor de 1847 de Chapultepec. Los guardianes consideraban a los menores como aspirantes a guerreros sagrados, pero a Juan de la Barrera, quien encabezó el contingente, lo consideraban como el más espiritual. Habían adquirido un nivel de conciencia. 

Los menores frente al árbol, le argumentaron que esa guerra debía ser ejercida, no como una simple lucha militar, sino como una lucha sagrada, -como la que sostuvo Cuauhtémoc o Juana de Arco-, de la cual dependía el futuro de la patria. 

Se dice que el árbol, inicialmente, se negó a darles información, y los menores, al ver la resistencia del ahuehuete y en un acto de inocencia, lo amenazaron con fusilarlo y colocarle un anuncio: “este árbol es un traidor”. Conmovido con el noble y glorioso gesto de los menores, “El Sargento” les otorgó el procedimiento: las claves de la lucha ritual así como la letra de lo que posteriormente sería el himno del Colegio Militar. Los generales Nicolás Bravo y Mariano Monterde, el último director del Colegio Militar, se convencen de que Santa Anna no les enviará refuerzos. El 13 de septiembre, los 800 soldados y 40 cadetes que defendían el Castillo de Chapultepec, sucumben ante la fuerza de más de 10,000 soldados invasores. 

El primero en morir fue Juan de la Barrera en los límites del bosque; el segundo fue el cadete jalisciense Francisco Márquez cuando bajó del castillo a enfrentar a los invasores, cerca del “El Sargento” con la sorpresa de ver a un niño con uniforme haciéndoles alto, le disparan cayendo muerto, y en un acto de reconocimiento y respeto, los soldados norteamericanos guardan silencio, interrumpen sus cantos y rodean el cadáver. El resto se hallaban en el Castillo en espera del enemigo. 

La historia reconoce a Juan Escutia como el que se arrojó con la bandera antes de que el enemigo la tomara como trofeo de guerra, lo mismo hicieron Santiago Xicoténcatl y Margarito Zuazuo. 

Esta batalla se perdió por la complicidad de Antonio López de Santa Anna con el invasor: Suministraba, -de manera oculta-, provisiones de boca y de guerra, bloqueaba operaciones militares mexicanas y facilitaba las invasoras, entre otras. Hubo una rebelión de militares, que en guerrillas combatía al enemigo. 

No eran reconocidos: la primera vez que surgen los nombres de algunos de los cadetes es en el Parte de las operaciones ejecutadas por la 3ª. Brigada de infantería del Ejército Mexicano, en los días 12 y 13 de septiembre de 1847, que rindió Joaquín Rangel, destacando a los que murieron en la batalla. 

Hasta 1870, el primer libro de texto de historia que hace referencia pública a los alumnos del Colegio Militar, -limitándose a indicar que realizaron actos valerosos,- fue el Compendio de la historia de México de Manuel Payno. Este mismo año, el licenciado Ignacio Burgoa y el presidente Municipal de la ciudad de México, Antonio Sola, solicitaron al presidente Benito Juárez que declarara día de luto nacional el 13 de septiembre, y lo invitaron también a asistir al acto que prepararon para el 8 de septiembre de ese año. 

Desde la presidencia de Sebastián Lerdo de Tejada y durante la de Porfirio Díaz, enfrente de ‘‘El Sargento’’ retumbaban las salvas de fusiles que los cadetes debían disparar a un tiempo, causando gran emoción entre el público por su precisión. 

Un factor fundamental del proceso de reconocimiento, fue el decreto del 3 marzo de 1884, que establecía que en el Colegio Militar se pasara lista de presentes a los cadetes muertos en 1847, en que se debía responder con un convincente ‘‘!Murió por la patria!’’.

En el centenario de la batalla de Chapultepec de 1847, el Congreso de la Unión por conducto del presidente de la Cámara de Diputados y del Senado, Alejandro Gómez Maganda y Fidel Velázquez, respectivamente, develan en el muro de honor la leyenda "A los niños héroes de Chapultepec" en letras de oro. En 1950, la celebración de los hechos de 1847 tuvo también como telón de fondo la ‘‘buena vecindad’’.

El embajador estadounidense Walther Thurston, por encargo —según dijo— del pueblo norteamericano y del presidente Harry S. Truman, entregó 12 banderas que en 1847 fueron hechas trofeo de guerra y llevadas a Estados Unidos. La entrega simbólica fue hecha por cadetes de West Point a sus iguales del Heróico Colegio Militar.

sábado, 18 de abril de 2009

La Carta


En un comunicado enviado por la Secretaría de Relaciones Exteriores, (SRE), a los coordinadores parlamentarios representados en la Cámara de Diputados, la Presidencia de la República les invitaba a la cena de Estado, que con motivo de la visita del presidente norteamericano, Barack Obama, ofrecería en el Museo Nacional de Antropología e Historia en la noche del 16 de abril.

En rueda de prensa, el diputado Alejandro Chanona Burguete (Convergencia), informó que la licenciada Betina Chávez, directora general de Coordinación Política de la Secretaría de Relaciones Exteriores, llamó “diciendo que se había dado un ajuste en el formato de la cena, por lo cual tenía que retirarme la invitación”.

Por su parte, la Junta de Coordinación Política de la Cámara Baja, en voz de su presidente, el diputado Javier González Garza (PRD), anunció que ese órgano de gobierno, acordó no aceptar la invitación al banquete, toda vez la descortesía provocada por la SRE.

Seguramente ni la Embajada norteamericana ni el propio equipo del presidente Obama, supieron de la decisión de los organizadores, y que resulta como de mal gusto.

De manera genérica, un colaborador cercano de un funcionario de alto nivel, como un secretario particular, tiene entre otras funciones, la coordinación de sus actividades así como de las personas con las que debe entrevistarse, el manejo de su correspondencia y de sus actividades públicas, pero debe tener el cuidado de advertirle a su superior, de las consecuencias en los actos y omisiones, para no incurrir en una falta de educación. A veces, los secretarios se convierten en grandes amigos de sus superiores.


A su llegada a México, el 28 de mayo de 1864, Maximilano de Habsburgo conoció al joven José Luis Blasio, quien ascendió al cargo de secretario particular de Maximilano, en virtud de que hablaba francés y alemán, en substitución de Nicolás de Poliakóvitz, su secretario, quien sufrió un accidente a caballo. Desde ese entonces, Blasio –como a las 4 de la mañana de cada día- se encontraría con Maximilano para acordar con él, hasta su fusilamiento.

A partir de la entrada de Maximiliano, el presidente Benito Juárez se hacía acompañar de su fiel Camilo, un indio zapoteca que le servía de criado; del teniente Felipe Azcárate, su jefe de ayudantes; así como de su cochero, Juan Udueta, quien lo llevaría a recorrer el país en el carruaje, tratando de salvar a la República.

Blasio fue quien redactó la carta en la que Maximilano le ofrecía a Juárez incorporarse a su gabinete; por su parte, el Benemérito le contestaba, que “… ya debe usted suponer que el delicado e importante cargo de Presidente de la República absorbe casi todo mi tiempo, sin dejarme descansar de noche. Se trata de poner en peligro nuestra nacionalidad, y yo, que por mis principios y juramentos soy el llamado a sostener la integridad nacional, la soberanía e independencia, tengo que trabajar activamente, multiplicando mis esfuerzos para corresponder al depósito sagrado de la Nación que, en el ejercicio de sus facultades, me ha confiado. Sin embargo, me propongo, aunque ligeramente, contestar los puntos más importantes de su citada carta … […]”.

Mientras Maximiliano vivía en la opulencia y la majestuosidad del Castillo de Chapultepec y su corte, Juárez en la sencillez y arropado por la guerrilla mexicana que combatía espontáneamente al invasor extranjero; mientras el Castillo de Chapultepec era adornado con ornamentos traídos de Europa, Juárez, a veces, dormía en su carruaje, rodeado del batallón que le acompañaba; mientras Carlota escuchaba su canción favorita “La Paloma”, acompañada de la señora Pacheco, su dama de honor; Juárez era acompañado por Camilo, quienes intercambiaban diálogos en zapoteco.

Blasio redactó las órdenes y comunicados de Maximiliano durante su estancia en México. Redactó la disposición del emperador por la que el monarca se designaba un sueldo de 1 millón 200 mil pesos anuales y para la emperatriz 200 mil pesos anuales. Cuando fue capturado Maximiliano por el ejército Republicano de Mariano Escobedo, una escolta de 8 hombres llevó a Blasio a Capuchinas por petición hecha por Maximiliano a Escobedo, para escribir unas cartas de despedida la princesa de Iturbide, a cuatro ministros y a don Carlos Rubio para pedir que su cadáver fuera embalsamado y llevado a Europa.

Ahí estaba Blasio, quien no pudo contener los sollozos, por lo que Maximiliano le dijo que todos somos mortales y que en ese "... momento supremo necesito de todo mi valor y ustedes con su llanto pueden quitármelo...".

El día de su fusilamiento en Querétaro, toda la gente salía por las ventanas, quizá por cariño, quizá por curiosidad, pero se asomaban al despedirlo. Al bajar del carruaje Maximiliano dijo "...En un día tan hermoso como éste quería morir!....".

En otro orden de ideas, como secretario particular de Benito Juárez, se incorporó su yerno, Pedro Santacilia, quien redactó muchas órdenes y leyes, hasta su muerte en 1872.










sábado, 11 de abril de 2009

El emblema

En la sesión del 26 de marzo pasado, el presidente de la Cámara de Diputados y también del Congreso de la Unión, César Duarte Jáquez, (PRI), presentó, junto con el presidente del Senado, Gustavo Enrique Madero, (PAN), una iniciativa que reforma el artículo 34 de la Ley sobre el Escudo, la Bandera y el Himno Nacionales, con el propósito de reordenar los colores de la Banda Presidencial, de manera tal que el rojo se ubique en la franja superior y no el verde como lo marca actualmente ese ordenamiento. 

Como usted sabe, la banda presidencial constituye una forma de presentación de la Bandera Nacional, la cual es utilizada por el presidente de la República en los actos de Estado que requieren una solemnidad especial, de ahí el nombre que se da a este instrumento protocolario y se asocia con la indumentaria del jefe de Estado mexicano. 

Antiguamente, este emblema del poder estaba representado en el Penacho de Moctezuma, en el que Bernal Díaz del Castillo en su libro “Historia Verdadera de la Conquista de la Nueva España”, narra que Hernán Cortés se apoderó de los aposentos de Moctezuma, entre ellos, el mismo penacho. Mintiéndole al rey, a finales de 1521 Cortés mandó los tesoros de Moctezuma a su familia en España, pero en el trayecto, los galeones españoles que llevaban tal cargamento, fueron asaltados por el corsario francés Juan Florín, quien llevó el botín, entre ellos el penacho, al rey de Francia, mismo que le fue presentado -seguramente por ignorancia- como un faldón morisco. 

En 1573, un súbdito francés sustrajo, entre otras cosas, el penacho de la cámara real francesa y lo vendió a los Ambrás, familia italiana de coleccionistas de objetos del mundo.

Así permaneció en el castillo de los Ambrás en el Tirol, hasta la Segunda Guerra Mundial; pero a raíz de los saqueos nazis de arte, los Ambrás dieron a la neutral Austria su colección en resguardo.

Al concluir la conflagración mundial, Austria se negó a devolverlo, por considerar a los tiroleses italianos traidores que habían favorecido a Hitler, y desde entonces, la preciada joya de la corona azteca, -antecedente de la banda presidencial- se halla en el Museo Etnológico de Austria, en espera de que el gobierno mexicano haga la petición formal para su devolución, según dijo un alto funcionario del Parlamento Austriaco en mayo del 2005 y sería considerado un gesto de gratitud del gobierno de Austria hacia México, por haber sido el primer Estado -bajo el mandato del presidente Manuel Ávila Camacho- que protestó cuando las tropas alemanas de Hitler invadieron Austria en 1938. 

La condición de los austriacos para que sea devuelto el penacho de Moctezuma, es que no se le llame así para "desarmar" a los tiroleses de Ambrás. Piden que se le nombre a la corona Mexica, "Penacho del México Antiguo". 

Por lo anterior, se trata de una excelente oportunidad -a propósito de las fiestas del bicentenario de la independencia en 2010- para que Austria devuelva el penacho de Moctezuma a México, tal como en las fiestas del centenario de la independencia en 1910, España devolvió a México, el uniforme con el que José María Morelos fue hecho prisionero. 

Y para el anecdotario. En la cúspide de su carrera como criadores profesionales del perro chihuahua, el criadero mexicano Sand's propiedad de la señora Sandra Michel, enfrentó -por conducto de la Federación Canófila Mexicana en 1985-, a los reclamos de las Federaciones Canófilas de Perú, China y principalmente Japón, quienes ante la Federación Canófila Internacional (FCI) con sede en Bélgica, reclamaban como suya la patria potestad del perro mexicano chihuahua.

Los japoneses argumentaban que en su momento, el perro chihuahua cruzó por el Estrecho de Bering en el polo norte, llegando así, al continente americano, y los peruanos, reclamaban la nacional del perro xoloitzcuintle, con el argumento de la semejanza del perro crestón chino, de nacionalidad peruana, con el xoloitzcuintle. 

La señora Michel presentó como prueba -para demostrar la antiguedad del perro chihuahua en estas tierras-, el texto “Historia Verdadera de la Conquista de la Nueva España” citado arriba, entre otros libros, en el que el lugarteniente de Hernán Cortés, refería que en los castillos del emperador Moctezuma, deambulaban unos animalitos de tales caracteristicas, llamados por los españoles como "perrillos", de lo que ahora la FCI reconoce como el perro chihuahua, y gracias a ello, México siguió conservando la nacionalidad y custodia del perro chihuahua, como sigue manteniendola sobre el perro xoloitzcuintle. 

Prosiguiendo, el 16 de octubre de 1843, el presidente Antonio López de Santa Anna instituye el uso de la banda presidencial, usado por todos los mandatarios hasta la del general Álvaro Obregón, en el que el orden de los colores de la banda presidencial era el correspondiente con los de la enseña nacional, siendo la franja roja la superior. 

Sobre la batalla del castillo de Chapultepec del 13 de septiembre de 1847; el historiador José Manuel Villalpando, Director del Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México (INEHRM), dice -en un artículo sobre los Niños Héroes-, que Juan Escutia, de quien la historia dice que se arrojó envuelto en la bandera, en realidad no era un cadete, sino que se trataba de un soldado sobreviviente del Batallón de San Blas, refugiado en el castillo; falleciendo -junto con Márquez y Montes de Oca- al ser alcanzados por la metralla mientras descendían por la pared de la fortaleza.

Precisa que no había bandera, porque había sido tomada como trofeo de guerra por los americanos y que difícilmente hubiera corrido con ella, dado a que el asta -con el lábaro- se hallaba en el centro del edificio. 

El único civil de quien se tiene registro de haber portado la banda presidencial, el alfarero de Tlaquepaque Pantaleón Panduro, al serle impuesta el lábaro personal en su pecho, por el presidente Porfirio Díaz, en agradecimiento por haberle realizado un busto de barro con su efigie. 

En administraciones posteriores a la de Álvaro Obregón, se cambió el orden de los colores debido al efecto visual que genera. Bajo el mandato del presidente Lázaro Cárdenas, en 1940 se instituye en forma oficial, el abanderamiento de las instituciones públicas y las agrupaciones privadas, a cargo de la Secretaría de Gobernación, como permanece hasta ahora. 

No por algo nuestra bandera obtuvo el premio como la bandera más bonita, en un concurso realizado con muchas de ellas.

sábado, 21 de febrero de 2009

Las Fuerzas Armadas


El Senado de la República hizo un reconocimiento al trabajo realizado por las fuerzas armadas mexicanas -ejército, fuerza aérea y armada-, en el marco del 19 de febrero, como día del ejército, al reconocer sus trabajos por recuperar la seguridad, el orden y la legalidad en el país.


Por su parte, el presidente Felipe Calderón, señalaba en Monterrey que “…las fuerzas armadas seguirán combatiendo, sin tregua ni cuartel, donde operen grupos delictivos que intenten apoderarse de comunidades enteras, merced a la inacción, al temor y en ocasiones a la franca cooptación de las autoridades encargadas de defenderlas…”.


La militarización de la seguridad pública comenzó desde el sexenio de Miguel de la Madrid, al incluir mandos militares -en retiro-, para dirigir cuerpos civiles de seguridad. Además del fuero militar, las fuerzas armadas han ocupado los primeros lugares en asignación presupuestal, de un tiempo a la fecha.


Grandes hazañas han cubierto de gloria a las fuerzas armadas mexicanas. Desde las proezas del genio militar de José María Morelos –en Cuautla, por ejemplo-, hasta la participación del Escuadrón 201 de la Fuerza Aérea Mexicana en Filipinas; Desde Chapultepec en 1847 hasta la invasión norteamericana en Veracruz en 1914.


Por ejemplo, antes de la batalla del 5 de mayo en 1862, el general Ignacio Zaragoza, Jefe del Ejército Republicano de Oriente, llamaba a sus soldados con “… Hoy vais a pelear por un objeto sagrado, vais a pelear por la patria y yo os prometo que en la siguiente jornada conquistaréis un día de gloria. Vuestros enemigos son los primeros soldados del mundo, pero vosotros sois los primeros hijos de México y os quieren arrebatar vuestra patria. ¡Soldados!, leo en vuestras frentes la victoria y la fe. ¡Viva la patria!...”.


Mientras tanto, el presidente Benito Juárez llamaba al pueblo a la lealtad “… Que el enemigo nos venza y nos robe, si tal es nuestro destino; pero nosotros no debemos legalizar ese atentado, entregándole voluntariamente lo que nos exige con la fuerza. (…) Dejemos siquiera vivo el derecho para que las generaciones que nos sucedan lo recobren. …”.

Recordemos que luego de la guerra con Estados Unidos en 1847, en la que perdimos más de la mitad del territorio, el pueblo mexicano adquirió experiencia y junto con el oprobio, aunado al odio con que lo recordaba, construyó un sentimiento de nacionalismo. El telegrama dirigido al presidente Juárez informando del triunfo, señalaba que: “…Las armas mexicanas se han cubierto de gloria…”. Leales a la República, ganamos.


Más recientemente, el 28 de mayo de 1942, la Cámara de Diputados aprobó el decreto del presidente Manuel Ávila Camacho, luego de que Alemania hundiera dos navíos petroleros mexicanos -el “Potrero del Llano” y el “Faja de Oro”- iniciando a la única participación de México en las guerras mundiales. México envió una nota de protesta a los países del Eje por intermedio de la legación diplomática de Suecia, pero Alemania se negó a recibirla, Italia y Japón no contestaron. De fines de junio a principios de septiembre de ese año, los submarinos alemanes hundieron -en el Golfo de México-, 4 barcos más: Tuxpan, Las Choapas, Barco Oaxaca y Amatlán.


A su regreso, los pilotos mexicanos fueron recibidos por el Congreso en noviembre de 1944 como héroes. El diputado jalisciense Adalberto Ortega Huizar integró la comitiva que los recibió y los acompañó hasta el interior del recinto parlamentario, donde un nutrido aplauso de pie los ovacionó y reconoció.


Ahora, la ciudadanía lanza a los cuerpos de seguridad pública del país, el siguiente llamado: “… Soldados de la República: recordad que la misión del ejército es defender las instituciones y no la de ser el sostén inconsciente de la tiranía; por tal motivo, escoged: o bien seguiréis sosteniendo (…) una era de luto, de dolor y de ignominia, o bien (…) labraremos la felicidad de la patria, y por el camino de la Constitución, de la libertad y de la justicia, la llevaremos a ocupar el alto puesto que merece entre las naciones civilizadas. …”.

Se trata de la proclama al ejército libertador, dado por Francisco I. Madero, el 5 de octubre de 1910 en San Luis Potosí.

viernes, 26 de septiembre de 2008

Las leyes

Para contener la oleada de violencia generalizada que azota el país, el presidente Felipe Calderón presentó un paquete de iniciativas al Senado, entre las cuales resalta, la que expide la Ley de Extinción de Dominio, que tiene por objeto constituir un fondo destinado a la reparación del daño de las víctimas u ofendidos, acción denominada extinción de dominio, que se integraría con los recursos que se obtengan de los bienes o el producto de los delitos de secuestro, robo de vehículos y trata de personas.

Además, propone reformar otros 7 ordenamientos legales, que pretenden homologarlas con las recientes reformas constitucionales en materia de seguridad, para permitir la figura de presunción de flagrancia; crear el Registro Nacional de Detención; para que el policía que detiene podrá recibir la denuncia, participar en la investigación del delito, la detención y el aseguramiento de bienes, debiendo informar al MP; para incluir las grabaciones particulares como elemento probatorio; crear la figura de denuncia anónima y la reserva de identidad para agentes infiltrados; crear centros especiales de máxima seguridad para evitar que la delincuencia opere desde el interior; establece sanción penal en los casos de servidores públicos que faciliten el desvío o la obstaculización de las investigaciones y, ante la terminación injustificada del servicio de un agente policial, el Estado sólo pagará la indemnización sin que proceda su reincorporación al servicio.

Aunado a lo anterior, la Procuraduría General de la República (PGR) publicó hace unos días, el acuerdo que establece las reglas y lineamientos para el ofrecimiento y entrega de recompensas, siempre y cuando, los datos proporcionados sean veraces, útiles, eficaces y oportunos para las investigaciones que realice el Ministerio Público de la Federación, o bien, para la localización y detención efectiva de las personas en contra de quienes exista orden de aprehensión. El rango de recompensa es de 1,000 a 5,000 pesos, dependiendo la utilidad de la información. En contraste, en los Estados Unidos de Norteamérica, se han pagado más de 8 millones de dólares a 22 personas, que presentaron información válida, que puso a terroristas tras las rejas, y que se hayan contenidas en el programa de recompensas para la justicia, establecido por la Ley Pública 98-533 para Combatir el Terrorismo Internacional de 1984, Programa que es administrado por la Oficina de Seguridad Pública del Departamento de Estado de Estados Unidos, y que autoriza al Secretario de Estado a ofrecer o pagar recompensas de más de 5 millones de dólares.

Ojalá que estas que estas iniciativas cambien el estado de inseguridad en que vivimos, pero hubo un paquete de estas que cambió al país, como lo son, las leyes de reforma, en plena guerra de los tres años o de reforma.

El 12 de julio de 1859 se promulgó la Ley de nacionalización de los bienes eclesiásticos; el 23, la Ley del matrimonio civil; el 28 la Ley orgánica del Registro Civil y la Ley sobre el estado civil de las personas; el 31, el decreto que cesaba toda intervención del clero en cementerios y camposantos. El 11 de agosto se reglamentaron los días festivos y se prohibió la asistencia oficial a las funciones de la Iglesia. Un año más tarde, el 4 de diciembre de 1860, se expidió la Ley sobre libertad de cultos. Este conjunto de leyes fueron el inicio de una nueva era en la política, la economía y la cultura, con el presidente Benito Juárez, al frente.

Entre sus autores intelectuales se hallaba, Guillermo Prieto, quien salvó al presidente Benito Juárez en 1858 de ser fusilado en palacio de gobierno en Guadalajara, dirigiéndose a la guarnición militar con un “…¡levanten esas armas! ¡Los valientes no asesinan!...”; Miguel Lerdo de Tejada, coautor de estas leyes, quien en 1853 bajo la presidencia del aficionado a los gallos, Antonio López de Santa Anna, lanzó la convocatoria del Himno Nacional Mexicano, interpretado por primera vez el 15 de septiembre de 1854 por Enriqueta Sotang en el entonces Teatro Nacional, y cuyos autores –Jaime Nunó Roca y Francisco González Bocanegra-, al no recibir el premio a la convocatoria, vendieron los derechos del Himno a una casa musical norteamericana, hasta que en 1943 el presidente Manuel Ávila Camacho los expropió mediante decreto, pero cada vez que se interpreta el Himno en el extranjero, se deben pagar regalías a los titulares de los derechos: la Wagner & Lieven en Estados Unidos; y, Valentín Gómez Farías, ilustre jalisciense, galeno egresado de la Universidad de Guadalajara, presidente de la Mesa de Debates el 5 de febrero de 1857, al aprobar la Constitución de ese año, desconocida por los conservadores y por Maximiliano de Habsburgo, y cuya emperatriz – Carlota- entre sus excentricidades, gustaba de escuchar la canción de “La Paloma” interpretada por un chinaco –combatiente de la independencia- que cortejaba a una de sus sirvientas en el Castillo de Chapultepec.

Desde luego que un paquete de iniciativas no es suficiente para detener a un puñado de delincuentes que pone en vilo al Estado mexicano. La responsabilidad es del gobierno, como entidad, de los partidos políticos representados en el Congreso, así como de nosotros los ciudadanos, al educar a nuestros hijos. Usted, ¿qué opina?

viernes, 19 de septiembre de 2008

Sitiados

Los que saben no se han puesto de acuerdo sobre si las granadas arrojadas a la ciudadanía, es o no un acto de terrorismo, sucedido durante el festejo del grito de independencia en Morelia, Michoacán, la noche del 15 de septiembre pasado.

El Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua, poco abona para su esclarecimiento. Define al terrorismo como “1-Dominación por el terror; 2-Sucesión de actos de violencia ejecutados para infundir terror”. Sin embargo, en el Diccionario de Política de Norberto Bobbio, Nicola Matteucci y Gianfranco Pasquino, luego de una disertación histórica, lo señala como aquellos actos que persiguen objetivos nacionales o de clase, por razones de humanidad o de Estado. En esencia, cuando se ha cometido un acto terrorista en otras latitudes del mundo, se trata de alguien que está luchando por su país o por su pueblo, por su libertad o por sus creencias, pero en ningún caso, se refiere como parte de una estrategia o metodología adoptada por los delincuentes, como el citado.

Pero indistintamente del concepto formal o en la práctica, la agresión a civiles es absolutamente reprobable, y desde luego se enmarca en la lucha de poderes entre el Estado mexicano versus la delincuencia, aunque algunos autores han dicho que se trata de disputas territoriales delictivas.

Por este hecho, inédito sin lugar a dudas, así como por la impotencia en que nos sentimos los ciudadanos, pareciera que nos encontramos entre dos frentes de batalla. Cercados por uno de los bandos y al amparo de la voluntad divina a que lleguemos con bien a nuestros hogares, cuando el Estado es quien detenta el uso legítimo de la fuerza para combatir la inseguridad que vivimos.

Y me refiero como ejemplo, a varios de los estados de sitio que vivió nuestro país, como el sitio de la gran Tenochtitlán, con una duración de casi 80 días en la que los mexicas sufrieron la fatal derrota en Tlatelolco, lugar maldito por haber sido también sitiado por las fuerzas del ejército en octubre de 1968, y por las de la naturaleza en los sismos de 1985.

Posteriormente y con una duración de casi 75 días, fue sitiado en 1812 Cuautla en Morelos, bajo el mando de Félix Calleja, lugar donde por primera vez se usó el toque del clarín para dar órdenes a la tropa realista, contra la posición de José María Morelos. Una tropa de realistas estuvo a punto de tomar la ciudad, pero un niño de 12 años, llamado Narciso Mendoza -el niño artillero- hizo estallar un cañón, con el que los realistas huyeron dispersas. Tras la batalla, Morelos acudió a cada una de las casas atacadas, a dar dinero y víveres a los afectados.

En 1847 el castillo de Chapultepec, lugar donde se hallaba el Colegio Militar, fue sitiado durante casi 80 días por las fuerzas norteamericanas, donde además de nacer la leyenda de los niños héroes, fueron hechos prisioneros, entre otros los cadetes Francisco Molina, Mariano Covarrubias, Bartolomé Díaz y Miguel Miramón, con un final trágico como más adelante veremos.

En mayo de 1863 y de regreso, el ejército francés sitia la ciudad de Puebla durante casi 80 días, dejando a la población sin alimento alguno, y en un acto de verdadero heroísmo, el general Jesús González Ortega se rinde junto con su ejército para evitar que siga el sufrimiento del pueblo. En esta batalla, Cae prisionero el general de brigada Porfirio Díaz, quien logra escapar al disfrazarse de indígena.

Otro célebre sitio tuvo lugar en Querétaro en 1867, durante la segunda intervención francesa, cuando el ejército republicano del general Mariano Escobedo, fue fortalecido por asesores norteamericanos que habían participado en la Guerra de Secesión; además Escobedo contaba ahora con moderna artillería, excedente de la Guerra Civil estadounidense; así pues, los efectivos de los sitiadores se elevan casi a 40 mil soldados de las tres armas –infantería, caballería y materiales de guerra-, organizados en dos cuerpos de ejército, del Norte y de Occidente, venciendo al ejército de Maximiliano y fusilando a Miguel Miramón, Tomás Mejía y, presuntamente, también al emperador de Habsburgo.

Por último, en una de las peores batallas en 1913, el levantamiento del general Félix Díaz –sobrino de Porfirio Díaz- y Bernardo Reyes, propició que el Secretario de Guerra y Marina, Victoriano Huerta, disolviera el Congreso y asesinara a Madero y Pino Suárez; los dragones –la caballería- incursionaba en el Zócalo al toque de la imponente marcha dragona, creada años atrás en el régimen porfirista, al tiempo que desde la ciudadela se escuchaban los retumbes de las balas de cañón disparadas hacia Palacio Nacional. Finalizaba la decena trágica.

Ojalá que el sitio a la delincuencia dure menos de los 75 días que en promedio han durado estos eventos en nuestra historia, para no perder la batalla de la seguridad y convivencia armoniosa.

miércoles, 9 de enero de 2008

De negociaciones a negociaciones

Bajo el reinado del dictador Porfirio Díaz no quedaban en México ni bandidos ni rebeldes ni salteadores de trenes. Díaz había limpiado el país de rebeldes de una manera muy sencilla y perfectamente dictatorial.

Por esos días, estaba por firmarse un nuevo tratado comercial entre México y los Estados Unidos. Ante asuntos de tal envergadura, Porfirio Díaz se consideraba invariablemente como un gran hombre de Estado, por lo que decidió organizar una recepción oficial en el Castillo de Chapultepec, en honor del diplomático norteamericano enviado para las negociaciones, a la cual, sólo la aristocracia y la alta sociedad mexicana fue invitada, con el fin de reforzar la impresión de elegancia, de civilización, de cultura y de opulencia de los mexicanos.

Por todos los rincones del castillo resplandecían los uniformes de los generales. En el centro, Porfirio Díaz en persona, cubierto, recargado y lleno de galones y condecoraciones de oro, rodeado de la nobleza de la época. Las mujeres iban sobrecargadas de joyas, como los expositores que hay en las vitrinas de los joyeros de una de las calles más elegantes de París. El gabinete en pleno acompañaba al Presidente Díaz, quien junto con su esposa doña Carmen Romero, se regocijaban de la interpretación directiva del recién descubierto talento musical Juventino Rosas.

Mientras tanto, el festejado diplomático norteamericano exhibía a don Porfirio, y quienes lo rodeaban, un reloj de oro cubierto de diamantes, con una aduladora dedicatoria a su gloria y adornado con el monograma de Eduardo VII rey de Inglaterra y emperador de las Indias, obsequiado por el mismo monarca, al término de las negociaciones comerciales entre su país y la corona inglesa; a lo cual, el presidente Díaz pensaba en la manera cómo iba a superar el regalo del rey de Inglaterra, para que todo el mundo oyera hablar de él y llegara dicha noticia a todos lados.

Durante una pausa en el baile, el diplomático americano se dio cuenta, de repente, que su precioso reloj no se hallaba donde lo había dejado. Después de haber repasado cuidadosamente todos los bolsillos de su traje, no lo encontró. Pero el detalle, le hizo descubrir que habían cortado muy delicadamente la cadenita de oro a la que estaba unido el reloj. Tuvo el suficiente tacto para saber que no se debe provocar ningún incidente por la desaparición de un reloj de oro ordinario durante una fiesta diplomática, como aquella, pero se dirigió al General Díaz diciéndole: “…“Disculpe, don Porfirio, siento molestarle, pero acaban de robarme en este mismo lugar, en la sala de baile, el reloj que me regaló el rey de Inglaterra.” A lo que el presidente después de infinidad de disculpas, le prometió que en 48 horas le sería devuelto su reloj.

Al término del festejo, don Porfirio se dejó llevar por una cólera negra, una de estas cóleras de las que sólo él era capaz, la cólera de un dictador cuya impostura está a punto de ser descubierta. “El viejo vuelve a tener su crisis” murmuraban los sirvientes del castillo asustados, temblando al pensar en lo que les esperaba en cuanto acabara el baile. Eran más temibles los excesos de cólera del dictador que los terremotos. Era más brutal que un viejo gato salvaje enfurecido. Al día siguiente se empezó a rastrear todo el territorio mexicano en búsqueda del reloj robado.

El jefe de la policía se trasladó a la cárcel de preventivos. Reunió a todos los presos y les dijo: “Ahora son las siete de la mañana. Si este reloj está encima del despacho del director de la cárcel antes de las siete de la tarde seréis todos puestos en libertad y a ninguno de vosotros se le perseguirá por las causas por las que se os ha ingresado. El que devuelva el reloj no deberá decir su nombre, podrá irse como llegó; nadie le pedirá cuentas de cómo el reloj llegó a sus manos; y no se le detendrá ni por el reloj ni por cualquier otro delito cometido antes de las siete de esta mañana. Al contrario, recibirá de manos del director una recompensa de doscientos pesos de oro. Os vamos a dar a cada uno un papel, un sobre y lápices. En estas cartas podéis escribir lo que queráis, no serán censuradas. Y nadie de la dirección se quedará con las señas. Dentro de una hora vendrán unos carteros a quienes daréis las cartas en persona. Estos carteros llevaran las cartas a su dirección bajo el sello del secreto profesional. Aquí tengo la orden certificada, firmada por Don Porfirio, yo mismo y por el director de la cárcel. Este certificado tiene fuerza de ley hasta las siete y media de esta tarde”. El reloj no apareció.

El presidente Díaz llegó al convencimiento de que no había sido robado por los delincuentes ordinarios y que no se hallaba en manos de los encubridores, fijándose en otro estrato de delincuentes. Convocó para última hora de la tarde a todos los generales que habían asistido a la fiesta diplomática. Se presentaron todos a la audiencia, excepto un general de división, quien contaba con la anuencia de Díaz para excusarse. A los reunidos, les dio de plazo hasta las 10 de la mañana para que buscasen en la tropa, pero fue infructuoso.

Por último, mandó llamar al general que no acudió a la cita, y de manera seca le dijo “Divisionario, dame el reloj del diplomático americano”. Sin pestañear ni mostrar la más mínima contrariedad, el general pasó su mano bajo la túnica, buscó un poco en los bolsillos interiores y sacó el reloj. Dio dos pasos hacia el dictador, diciéndole: “A sus apreciables órdenes, don Porfirio, a sus órdenes muy queridas.” Y continuó diciendo: “Porfirio, temía que lo cogieras, así que pensé que era mejor que fuera yo, ya que tú puedes comprarte uno más fácilmente que yo”.

Porfirio Díaz tuvo que contentar al diplomático, tratarle amigablemente y devolverle su buen humor para que este episodio permaneciera oculto, y para calmar y complacer al diplomático, se vio obligado durante la negociación del tratado comercial a hacer concesiones que, evidentemente, tuvo que pagar el pueblo mexicano, pero que supusieron para el diplomático el honor de ser tratado como uno de los más hábiles en la historia de los Estados Unidos.

Luego entonces, quién robó el reloj de los norteamericanos en las negociaciones del capítulo agropecuario del Tratado de Libre Comercio de América del Norte vigente desde 1994?

miércoles, 7 de noviembre de 2007

Siguen las reformas

En el marco de los trabajos para la reforma del Estado, se han recibido 1,157 ponencias y generado 5,656 propuestas en concreto. Para el rubro de Garantías Sociales se presentaron 294 ponencias, para Democracia y Sistema Electoral 290, para la reforma del Poder Judicial 249, para Régimen de Estado y Gobierno 184 y para Federalismo 140 ponencias, por lo que actualmente se encuentran laborando los grupos de trabajo de la Subcomisión Redactora en la búsqueda de puntos de coincidencia para la redacción de las iniciativas que serán presentadas.

En otros tiempos, este proceso hubiera resultado de difícil progreso, por no decir que imposible, en virtud de la tajante división ideológica existente como, por ejemplo, en la manifestada en la guerra de reforma finalizada en 1860 bajo el mandato del presidente Benito Juárez quien convoca a elecciones para diputados y presidente de la República, en un intento por regresar a la normalidad de la vida republicana y a 3 años de vigencia de la Constitución de 1857.

En ese entonces, Juárez estaba al tanto de los avances del General González Ortega, jefe indiscutible del Ejército Liberal, al que acompañaban el general Ignacio Zaragoza y Leandro Valle, entre otros, quienes avanzaron contra la Ciudad de México para tomarla y dar por concluida la guerra de reforma, siendo enfrentados por Miguel Miramón cuando las tropas se encontraban en Querétaro, confrontándose el 21 de diciembre en las inmediaciones del pueblo de Calpulalpan. Tras dos horas de combate, los soldados conservadores se pasaron al enemigo gritando vivas a González Ortega, en tanto Miramón, junto con su Estado Mayor, derrotados emprendían la huída.

El general González Ortega dispuso que Benito Juárez fuera avisado hasta Veracruz del éxito de la contienda para que pudiera dirigirse a la Ciudad de México, a Palacio Nacional, cuando él lo dispusiera. A la llegada del mensajero al puerto de Veracruz, el presidente Juárez se encontraba en el Teatro Principal, donde recibió la noticia. La función se interrumpió, y Benito Juárez con entusiasmo dijo "Antes éramos independientes, pero no libres. A partir de hoy seremos también libres. Hoy podemos considerar que ha sido fundada la nación mexicana. Hoy empezará el proceso de fundación de una nueva patria. Hoy comenzaremos el proceso de transición de una sociedad feudal y teocrática a una sociedad moderna, contemporánea, la única con la que podemos satisfacer las necesidades del país” y prosiguió "Lo mejor de México está por venir. Hemos conquistado la gloria para todos y cada uno de nosotros. ¡Viva México!", gritó el presidente Benito Juárez. El público, puesto de pie, escuchó el anuncio de que la guerra había terminado después de tres años, y jubiloso, aplaudió.

Por su parte, el general González Ortega llegó a la Ciudad de México y, al frente de 20 mil hombres, se dirigió a la Plaza de la Constitución; cabalgando por sus calles, vio en un balcón del Hotel Iturbide al general Santos Degollado, conocido como "el héroe de las derrotas", a quien en gran parte se debió el éxito de la causa liberal. González Ortega detuvo el desfile y exigió la presencia del general guanajuatense Degollado a su lado, y ambos compartieron los honores del triunfo. Más adelante, por invitación de González Ortega, bajaron de su balcón para incorporarse al contingente Melchor Ocampo y Miguel Lerdo de Tejada. Fue un momento inolvidable para la historia del país.

El presidente Benito Juárez llegó a la ciudad en un carruaje descubierto que aún se conserva en el Castillo de Chapultepec. Vestía de negro como era su costumbre. La gente se agolpaba para homenajearlo. Los "¡Viva Juárez!", "¡Viva la Constitución!" se escuchaban a su paso hasta que llegó a Palacio Nacional, desde donde dirigió un mensaje a la ciudadanía: "¡Mexicanos! Inmensos sacrificios han significado la libertad de la nación. Sed tan grandes en la paz como lo fuisteis en la guerra y que llevasteis a un término tan feliz y la República se salvará. Que se consolide, pasada la lucha, esa unión admirable con que los estados hicieron propicia la victoria. Que sea más profundo que nunca el respeto a la legalidad y a la Reforma, tan heroicamente defendida, y la obediencia a los poderes generales, que son la garantía de la Federación y de la nacionalidad mexicana”.

Prosiguió diciendo "Si ofrecéis el ejemplo de un pueblo libre que sabe darse y cumplir sus propias leyes; si cooperáis con nuestra firme voluntad al buen éxito de las medidas emanadas de una administración que ha sostenido con lealtad vuestra causa en tiempos azarosos, las enormes dificultades de la gobernación, aumentadas por la guerra, serán vencidas irremediablemente."

Así llegó a su fin la Guerra de Reforma. El costo pagado por los mexicanos había sido inmenso, pero valió la pena, porque si bien es cierto que México había logrado su independencia desde 1821, a finales de 1860 había conquistado su libertad. Esperemos que en la reforma del Estado que se está elaborando en el Congreso, se mantenga vigente y se enaltezca el espíritu de Don Benito Pablo Juárez García. Por México.